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Domingo, 22 Mayo 2016 - 3:10am

La Cúcuta que el terremoto borró del mapa

La urbanización de la ciudad se hizo atendiendo las recomendaciones del Plan de Ordenamiento Urbano, expedido por el rey de España.

Archivo
En la época los ranchos eran construidos en madera y paja.
/ Foto: Archivo

Para el 18 de mayo de 1875 - hace 141 años - cuando fue devastada por un terremoto, Cúcuta y su área de influencia que se extendía a Villa del Rosario y Salazar,  tenía una población aproximada de 21.500 habitantes, 137 establecimientos comerciales y 72 industriales, una sociedad pública, un consulado, un colegio para niños, dos escuelas primarias para varones y otras dos para niñas.

En el campamento de La Vega - donde se estableció la nueva cabecera municipal y se refugiaron los sobrevivientes - funcionaron una Caja de Ahorros, una sucursal del Banco de la Mutualidad de Bucaramanga y una sucursal del Banco de Pamplona.  

En el libro El Terremoto de Cúcuta 1875 - 1925 del historiador Luis Febres Cordero se destacan testimonios de personajes de la época como los del historiador don Manuel Ancízar sobre el rápido proceso de reconstrucción de la ciudad. Antes del terremoto incluso, ya Cúcuta era una ciudad pujante.

En el estudio Retrospectiva urbanística, socio -  económica y macrosísmica del terremoto de Cúcuta de 1875, publicado en el año 2009 por la Gobernación de Norte de Santander y del que son autores los especialistas Jorge Barrera Cortés y Luis Carlos Abussaid Vega, se consigna que entre 1830 y 1875 Cúcuta contó con la primera máquina de coser, la primera desgranadora de maíz, la primera máquina para fabricar ladrillos y tejas, el primer trapiche hidráulico; se organizó la Sociedad Católica de Beneficencia y el Instituto de Artes Dramáticas, se constituyó una importante sociedad para la construcción de la carretera al puerto de San Buenaventura (hoy Puerto Villamizar), se construyó el puente de San Rafael; se montó la primera fábrica de velas, se inició la explotación maderera, se establecieron casas importantes de comercio, se inició la actividad aduanera, se construyó la primera casa de mercado y también se construyó el cementerio de El Llano.

Entre el 1 de setiembre de 1850 y el 31 de agosto de 1851, las exportaciones e importaciones de Cúcuta registradas por la aduana alcanzaban los 10.720.627 reales, el equivalente hoy de 50 millones de pesos.

Orden del rey Felipe II

Según los expertos, la urbanización de Cúcuta se hizo atendiendo las recomendaciones del Plan de Ordenamiento Urbano para las Indias, expedido por el rey de España Felipe II en 1573, y que consideraba como principio esencial para construir una ciudad el trazado de la Plaza Mayor de Armas con definición de calles, solares y cuadras, distinguiendo caminos, callejuelas y carreras. Ese plan ordenaba reservar cuatro calles principales desde la Plaza Mayor para que fueran destinadas al comercio. La media estancia donada por doña Juana Rangel de Cuéllar, se localiza aproximadamente entre las calles 12 y 12A y la calle 8, y por el otro sentido, una línea media entre las avenidas 2 y 3 y las inmediaciones del Rudesindo Soto.

Es de anotar que desde el siglo XVII en las riberas orientales del río Pamplonita (San Luis), convivían alrededor de 800 personas entre blancos y mestizos.

“Su traza estaba bordada sobre una malla simétrica de calles que la dividían de norte a sur y de oriente a occidente; ese esquema era matizado por dos plazas: la del general Santander, en cuyo costado oriental estaba erigida la iglesia matriz de San José de Guasimal, y la Plaza de la Caridad, en donde estaba ubicado el hospital” (San Juan de Dios), lo que hoy es la biblioteca Julio Pérez Ferrero, según los autores Barrera Cortés y Abussaid Vega.

Las viviendas tenían diseños coloniales tipo claustro, dentro de las cuales transcurría la vida social, con una relación espacial interior - exterior casi nula. Se comunicaban a la calle a través de un zaguán con una gran puerta que permitía el paso del jinete con su caballo hasta el patio.    

Las casas coloniales fueron transformadas en republicanas por medio de ornamentaciones que se hacían en el interior como en la fachada, para expresar la nueva forma de vida y la distinción entre familias. El material utilizado en las casas de las personas adineradas fue la tapia pisada para muros, techos en teja de barro apoyado en cañabrava y varas de madera; las puertas y ventanas en madera y el piso en tableta de arcilla. Las personas de escasos recursos utilizaban ranchos de madera y paja, conservando la tipología constructiva, tipo cañón, predominante antes de 1812, donde el techo se levanta sobre dos paredes de carga apoyado en varas que se unen mediante un simple clavo a la cumbrera.

Entre las viviendas ampliadas en altura, y de dos pisos, encontradas en 1875, se mencionan el Atillo de don Francisco Bousquet; la Botica Alemana, el almacén de Muñoz Pérez, la casa de don Antonio Espinosa, el Balcón de los Chiosome, la casa de don Juan Ignacio Aranguren, la casa de la señora María  Jesús Santander de García Herreros y la de don Patricio Sánchez, al parecer construida hacia 1873, es decir, apenas dos años antes del terremoto.

De acuerdo con el libro de los expertos Barrera Cortés y Abussaid Vega, hacia 1870 la ciudad nacida sobre el costado oriental de la Plaza Santander, calle de Mercedes Ábrego, estaba concebida en sentido norte - sur, dentro de una visión comercial que coincidía con las salidas al norte con rumbo al Lago de Maracaibo, más tarde camino de San Buenaventura, y por el sur en la prolongación de la calle del Comercio, vuelta serpenteante por El Caimán, puente de Cúcuta sobre el río Pamplonita, Alto del Cují, hasta tomar la ruta de Venezuela por Villa del Rosario y San Antonio.

La cúcuta de hoy

Cúcuta está hoy entre las principales  ciudades del país, con una población flotante cercana al millón de habitantes, muchos problemas y situaciones difíciles por su condición de zona de frontera, pero también con amplias posibilidades y potencialidades para convertirse en el polo de desarrollo industrial, comercial, turístico y cultural que su gente quiere y anhela.

Así fue

La ciudad comenzó a sacudirse desde el 16 de Mayo, dos días antes de la catástrofe más grande en la historia de los terremotos del país. El 18 de Mayo de 1875 a las 11:15 A.M. comenzó a moverse la tierra y ésta no se detuvo sino después de 50 segundos, es decir, en menos de un minuto la otrora próspera ciudad de Cúcuta había experimentado la fuerza de la naturaleza.

Toda la infraestructura de la ciudad quedó reducida a escombros. El presidente de la República de entonces, Aquileo Parra, presidente del estado soberano de Santander, promulgó un decreto de cuatro artículos. El segundo establecía abrir  “un crédito extraordinario al presupuesto de gastos vigente por la cantidad de $1.000 para atender a los gastos que ocasionen la organización y sostenimiento de la fuerza pública que se manda levantar por el artículo anterior”.

El secretario general, Eliseo Canal, organizó la fuerza militar. El capitán Ricardo Quevedo fue quien comandó ese batallón y se enfrentó y logró neutralizar a los desesperados saqueadores de casas y cadáveres que se habían organizado después del terremoto. Los cucuteños parecemos dormir sobre la historia del terremoto porque muy poco se hace para evitar otra catástrofe como la del terremoto de hace 141 años.

Una ciudad bien trazada

En el libro Crónicas Cucuteñas, del historiador y periodista Luis Alberto Medina Sánchez, publicado por la Cámara de Comercio en el año 2001, se destaca lo siguiente:

“La belleza del trazado de la ciudad por el ingeniero venezolano natural de Mérida Francisco de Paula Andrade Troconis, se ve que tuvo en cuenta el trazado del primer plano de Cúcuta levantado en 1863, doce años antes del terremoto del 18 de mayo de 1875 por el doctor José María Crespo, su paisano y colega que trazó las calles angostas como lo demuestra el primer plano.

“Y de ahí los muchos muertos (que dejó el terremoto), las gentes corrían a la calle y las casas se derrumbaban y las atrapaban; Juan Atalaya Pizano, ciudadano español residenciado en Cúcuta en 1836 donde estableció negocios comerciales con buenos resultados económicos, compró haciendas en Agua Sucia y en Cúcuta compró la hoy ciudadela de Juan Atalaya, y a los 31 días de haber adquirido esos terrenos, sin habérselo exigido, los obsequió al cabildo de Cúcuta para que sirvieran de ejidos al municipio el día 21 de setiembre de 1860, que tuvo por compra don Antonio Peralta, éste a Juan de Rueda y éste a doña Juana Rangel de Cuellar. Ahí tenemos las tradiciones de los terrenos de Juan Atalaya”.

Ángel Romero

Editor de las secciones Nacional, Internacional y Deportes.

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